Boca larga, incongruencia corta

Del Abogado Amigo.
Por Luis Torre Aliyán.

El 3 de diciembre de 2018 escribí un texto que titulé “Presidente de México”. Ahí me referí, entre otras cosas, a que desde mi punto de vista no reñían ni riñen la constitución moral y la constitución general de la república.

Claro, siempre que la primera no sea vinculante, y que las conductas humanas sigan siendo juzgadas bajo lo que disponen las leyes; pero por supuesto que no se contraponen una con otra.

¿Qué es lo que sí se contrapone? La hipocresía en el discurso, las dobles caras. Lo que reinaba, pues, en el viejo régimen: el corrupto legal, ese que ejerce la deshonestidad con estricto apego a derecho (como se lee en uno de mis libros preferidos). Los que gritan: “Por encima de la ley nadie” con micrófono en mano, mientras que paralelamente roban dinero público a manos llenas.

Y es que, consideré valía la pena recordar esta reflexión, ya que hoy muchos quieren defender lo indefendible. Y hay asuntos de corrupción tan evidentes que, como dijo el Presidente hace días en la Mañanera: “no se necesita ni abogado”. O sea, si se presume que un político amasa junto a su familia cerca de 1000 millones (solo en bienes) en tan solo algunos años, en este país, sin ser una familia de empresarios de abolengo o ser “el empresario del año”, es claro que algo huele feo.

Increíblemente, y me sumo, en el tema del desafuero local que se vive, la mayoría caímos en la cortina de humo: cuál congreso debe conocer, si el local o el federal; cuando el tema es hasta moral más que jurídico.

Es como si un particular (un ciudadano de a pie), roba cientos de millones de un banco en la ciudad junto a personas que traen consigo armas de uso exclusivo del ejército, y al ver la noticia en los medios el debate social se circunscribe a saber si esos ladrones tienen que ser juzgados por un fiscal local o uno federal. Claro que no, los medios, analistas y la gente general reprobarían a los bandidos sin mayor importancia de lo legal.

Si queremos crecer como sociedad (creo y, procuro decirlo con humildad) debemos aprender que nos toca juzgar y exigir, en caso de que sea verdad, justicia. Eso es lo que nos corresponde, exigir, exigir y exigir justicia; participar, participar, participar. Sin miedo. Hacer “montón”. Máxime la pobreza y falta de oportunidades que predominan en ciudades como Victoria.

Al final, el tiempo pone las cosas en su lugar, cada quien debe responder por sus propios actos. Moral, y jurídicamente. A mi madre, la Licenciada Manuelita Aliyán le arrebataron la Notaría de la que era titular como represalia política hacia mis posturas hace unos meses. Ahora que soy precandidato opositor estoy listo para que me quiten hasta la casa donde vivo inventando algo, aunque, batallarían, porque pago renta. Y no, la gente buena no le apuesta a la revancha, no hay veneno acá, pero sí se anhela un poco de justicia. Veremos ahora qué pasa.

En fin, hoy en Tamaulipas aplica aquél dicho de: “para tener la lengua larga hay que tener la cola corta”, aunque, me quedo con otro que le leí hace días al abogado Simón Levy: “Para tener la boca larga, hay que tener la incongruencia corta”.

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