Durante la marcha de la llamada Generación Z en la Ciudad de México, un grupo de jóvenes encapuchados protagonizó enfrentamientos con la policía al derribar y golpear las vallas metálicas que resguardaban Palacio Nacional. A pesar de los llamados de otros manifestantes para evitar la violencia, los encapuchados emplearon martillos, esmeriles y cuerdas para abrirse paso, mientras los policías respondieron con gas lacrimógeno, polvo de extintores y la formación de un muro de escudos para contenerlos. La confrontación se prolongó por más de dos horas, con momentos de tensión creciente entre ambos bandos.
Con el paso del tiempo, los inconformes lograron retirar gran parte de las vallas y derribar secciones completas, generando un amplio hueco en el frente del inmueble. Entre consignas, gritos y detonaciones, algunos policías incluso fueron aplaudidos al acercarse sin agresiones, aunque la mayoría de los uniformados se mantuvo firme para impedir que los manifestantes ingresaran a Palacio Nacional. En paralelo, otro grupo intentó irrumpir en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde rompieron cristales y vandalizaron las instalaciones pese a los intentos de la policía por contenerlos con gas.
Hacia las 3:30 de la tarde, los elementos antimotines lograron desplegarse sobre todo el Zócalo y comenzaron a dispersar a los asistentes, provocando momentos de pánico y repliegue entre los manifestantes que aún permanecían en la plaza. Las calles aledañas fueron acordonadas para evitar su retorno, mientras la tensión y la incertidumbre marcaron el cierre de una jornada que dejó una de las escenas más intensas frente a Palacio Nacional en los últimos años.


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