José Sulaimán, a cinco años de su muerte

José Sulaimán Chagnón nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas, en 1931. Hijo de migrantes sirio libaneses, conoció desde niño lo que significaba pertenecer a una minoría. Su familia llegó a México sin fortuna, sin conocer el idioma ni las costumbres, pero fueron recibidos con hospitalidad.

Otra experiencia vital, además, moldeó su particular manera de mirar el mundo que vivió. Cuando joven, en un viaje en autobús a Estados Unidos, vivió en carne propia la discriminación hacia latinos y población de raza negra.

“Eso forjó en él la importancia de luchar contra la desigualdad y contra la discriminación”, recuerda su hijo Mauricio, a cinco años de la muerte del hombre que muchos consideran que cambió el boxeo y colocó a México en los principales escenarios.

La pasión por el boxeo llevó a José Sulaimán a involucrarse en la parte directiva, pero con una inquietud por la vulnerabilidad del boxeador -“siempre de cuna humilde y con hambre de gloria”, decía-, y por el peligro que enfrentaban quienes elegían este oficio de golpes.

Todavía era adolescente y ya integraba parte de la Comisión en San Luis Potosí, más tarde también estaría en la de la Ciudad de México y en 1968 se integró al CMB, donde fue elegido presidente en 1975.

Como presidente del organismo trabajó para disminuir el riesgo que representa el boxeo. Disminuyó los episodios, de 15 a 12 asaltos, se incorporó una cuerda más, ahora con cuatro, evitaban que el peleador sufriera golpes más serios si caía, además de los pesajes un día antes para evitar que subieran al cuadrilátero deshidratados y con mayor riesgo de sufrir un accidente.

Pero como titular del CMB, también aprovechó la tribuna para asumir una voz a favor de los más débiles y contra la discriminación, cuenta su hijo.

El boxeo en Estados Unidos se abrió a otras zonas geográficas, emergieron los boxeadores mexicanos que empezaron a acumular títulos; también surgieron peleadores de Asia y África, antes marginados del mercado anglosajón.

Amigo de Nelson Mandela, protagonizó una lucha declarada contra el régimen discriminatorio del apartheid en Sudáfrica.

“Fue una lucha de 19 años”, recuerda su hijo y actual presidente del CMB; “cualquier boxeador, mánager o promotor que tuviera trato con el régimen del apartheid era expulsado del CMB. Le dieron un reconocimiento en la ONU por esa lucha”.

También apoyó a Muhammad Ali cuando éste se resistió a ir a pelear a Vietnam. Lo suyo era una protesta contra el racismo en Estados Unidos y Sulaimán se solidarizó desde el CMB.

Y Rubin Carter, el peleador afroestadunidense, quien fue acusado sin pruebas de asesinato y condenado a dos décadas de prisión, recibió un cinturón honorario, pues durante su cautiverio se agotó su carrera.

Bob Dylan había dado fama al caso con la canción “Hurricane”, de 1975. La canción la conoció cuando entregó el cinturón de campeón honorario muchos años después, recuerda Mauricio.

El más reciente fue apenas en 2018, ya no lo vio. Pero Jack Johnson fue indultado por el presidente estadunidense Donald Trump por la persecución racista que sufrió en la primera parte del siglo 20 y por la cual fue encarcelado. Esa iniciativa, cuenta Mauricio, también fue un anhelo de José Sulaimán.

Mientras lo recuerda, recibe el homenaje de ex campeones y gente variopinta que habla de su padre. Los ex boxeadores dicen que era como un padre. Los protegió y aconsejó, dice Lupe Pintor y Humberto ChiquitaGonzález.

“Te decía que no gastaras tu dinero, que apoyaras a tu familia”, recuerda la Chiquita.

“Todos los que tuvimos una oportunidad, tenemos una deuda con don José”, dice Lupe Pintor.

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