¿Habrá debate? 

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Golpe a golpe

 

¿Habrá debate?

+ Peña Flores lo pide a Cantú Galván, como recurso para re-posicionarse

+ Difícilmente alcanzaría a Nader en preferencias, y, menos, a Verástegui

+ Melhem Salinas es blanco de infundios por no venderse al mejor postor

 

Por Juan Sánchez-Mendoza

 

En la víspera circuló profusamente, en redes sociales, una nota firmada por la talentosa periodista Daisy Verónica Herrera Medrado, informando acerca de la solicitud que Gerardo Peña Flores hace al dirigente estatal del Partido Acción Nacional (PAN), para que organice tres debates entre los aspirantes a la candidatura gubernamental del membrete albiceleste.

Uno en la zona norte, otro en el centro y uno más en el sur del estado.

El argumento, es que así se dará oportunidad a que cada uno exprese sus ideas y se contrasten (entre sí), “con el objeto de que tanto la militancia como la ciudadanía tengan la oportunidad de identificar sus conocimientos, fundamentos y visión para un estado como el nuestro”.

Al respecto César Augusto Verástegui Ostos nada ha opinado y sé, de primera mano, que Jesús Antonio Nader Nasrallah no se negaría a debatir, pero tampoco promueve los encuentros.

De darse estos, ¿quién ganaría?

Hay quien dice y asegura que Gerardo, por ser (actualmente) diputado federal plurinominal, y haber presidido la Junta de Coordinación Política del Congreso estatal (también, como diputado de representación proporcional), pero se olvidan que en las legislaturas federales LIX y LX despacharon allá en el Palacio de San Lázaro Jesús Antonio y César Augusto.

Además ambos cuentan en su haber con dos triunfos municipales: uno en Tampico y el otro en Xicoténcatl, mientras que el demandante sucumbió dos veces, al menos, en su intentona de ser alcalde y diputado federal.

En esta carrera adelantada (por la candidatura albiceleste) es evidente el posicionamiento de Verástegui Ostos, en tanto Nader Nasrallah empieza a crecer sin todavía significarle competencia real; y, en el caso de Gerardo, él nomás no figura en el escenario.

Por eso, quizá, pide tres debates para de ahí colgarse.

En fin, el mentado ‘Cachorro’ después de consultarlo con su patrón, le dirá si o no a Peña Flores.

 

Qué es un debate

Es un encuentro entre pares, basado en la discusión y la controversia, cuyo propósito busca (desde el inicio) exhibir dos o más posiciones encontradas, en torno a un tema, programa o conflicto.

Su objetivo primario consiste en hacer que las partes antagónicas defiendan (de cara al público) los supuestos que sustentan a través de la confrontación verbal, pero esta vez guiados por un moderador que, se supone, debe ser una persona neutral, equilibrada y profesional.

El valor del debate estriba en acercar a la audiencia las formas distintas en que se concibe una realidad, permitiéndole asumir su propia postura tras reflexionar en torno a lo expuesto.

En los procesos electorales, es indudable que el debate podría resultar un ejercicio saludable para nuestra incipiente democracia; sobre todo si se tratare de una contienda altamente competitiva partidista, donde los aspirantes ala candidatura gubernamental buscaran convencer al votante sobre la viabilidad y justeza de sus propuestas.

Sin embargo, es pertinente aclarar que no todo debate es viable y constructivo para los actores involucrados; o para la sociedad, que en menor o mayor nivel está pendiente de las diversas expresiones que se manifiestan en torno suyo.

 

Las condiciones

Para que un debate pueda concretarse, primero deben existir las condiciones propicias de equidad en todos los aspectos; máxime cuando se pone en juego el destino de un país, un estado o un municipio.

Es decir, antes de alentar una discusión pública, se requiere analizar si los personajes invitados son sujetos al debate y tienen similares posibilidades de triunfo, además de otro esencial atributo: dar muestra de responsabilidad, ecuanimidad y compromiso hacia la población que aspiran representar.

 

Asegunes

Consigno lo anterior porque de nada valdría que se llevaran a cabo encuentros desiguales y estériles, donde algunos personajes exhibieran falta de trabajo político, credibilidad, liderazgo y propuestas serias, mientras otro asomara prendas totalmente opuestas.

Entonces, resulta obvio que la discusión pública en torno a una problemática o proyecto, sólo sea admisible entre pares. Ello como un acto de elemental justicia, que además significaría al espectador la posibilidad de enriquecer su percepción en torno a los adversarios y su capacidad.

Así que no hay por qué aceptar que un peso pluma se mida con otros: uno welter y el otro pesado.

 

PRI, infiltrado

Da pena en verdad, el papel de esquirol que juega la secretaria general del Comité Directivo Estatal (CDE) del tricolor, Mayra Rocío Ojeda Chávez, por acusar sin sustento valedero de prácticas ilícitas a su patrón Edgar Melhem Salinas.

Se queja, esa delatora, por no ser tomada en cuenta en las decisiones cupulares que sólo corresponden a su dirigente y guía ideológico porque su capacidad no le permite entender que primero es el uno y luego el dos.

Ella arribó a la posición impuesta por su amiga Montserrat Alicia Arcos Velázquez, quien aún preside la Organización Nacional de Mujeres Priistas (ONMPRI), y desde asumir el cargo ha retado, como de ‘hombre a hombre’ a su dirigente.

Ahora que despotrica en contra de Edgar azuzada por quienes buscan aliarse con el rival (PAN), para exterminar al tricolor, salta a la vista su ruin comportamiento.

No entiende, ella, que la ropa sucia se lava en casa, por lo cual se ha ganado el desprecio de la familia priista y la sociedad en general, pese a la relación íntima que mantenga con su promotora.

Correo: [email protected]

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