Tsunami en Coahuila

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Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
La LXIII legislatura del Congreso de Coahuila –actualmente en funciones–, está integrada por 25 diputados locales: 16 de mayoría relativa y nueve por la vía de representación proporcional.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ostenta la mayoría con 10; Movimiento Regeneración Nacional (morena) cuenta con cinco, igual que el Partido Acción Nacional (PAN); dos representan el Partido de la Revolución Democrática (PRD), uno a la Unidad Democrática de Coahuila (UDC), igual uno al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y al Partido del Trabajo (PT) también uno.
El domingo que nos antecede se desarrolló la jornada electoral en esa entidad del noreste del país, donde existen 38 municipios poblados por casi 3.4 millones de personas, de las cuales 2 millones 216 mil 384 aparecen en la lista nominal del Instituto Nacional Electoral (INE) con derecho al voto.
Obviamente, no todos sufragaron, como ocurre en cualquier proceso.
Pero la participación ciudadana rebasó el 51 por ciento.
Esto refiere un alto grado de politización poblacional y el sostenimiento de un sistema gubernamental funcional que nada tiene qué ver con actores partidistas –por ejemplo, del mentado ‘Alito’– pues en Coahuila deciden los coahuilenses y no extraterrestres, como el campechano, aun cuando ahora Rafael Alejandro Moreno Cárdenas quiere colgarse medallas ajenas con el triunfo priista, cuando es evidente que dejó solos a los candidatos.
El mérito de tal hazaña, le corresponde al gobernador Manolo Jiménez Salinas, gracias a su quehacer político-administrativo ejercido en la primera mitad del período constitucional que le corresponde.
Sin embargo, la dirigente nacional de morena –Ariadna Montiel Reyes–, no está dispuesta a reconocer su primer fracaso electoral.
Por eso amaga con acudir a tribunales para ganar judicialmente lo que su partido no fue capaz de ganar en las urnas, con el rollo de que ‘todos los votos en favor del PRI fueron comprados y/o coaccionados’, según afirma y dice tener pruebas de que así fue. ¡Bah!
Su afirmación simplona, es una ofensa para los coahuilenses, pues los tilda de vendidos desconociendo, irresponsablemente, su capacidad para ir a las urnas y, por voluntad propia, elegir a sus representantes legislativos.
La paliza a morena entraña hartazgo poblacional y la rebelión pacífica contra un sistema que sólo da validez a los comicios cuando gana, pero no cuando hacen morder el polvo a los candidatos guindas.
También significa un aviso para que, en las elecciones concurrentes de 2027 –en que se renovarán 17 gubernaturas, 31 congresos locales, más de mil ayuntamientos y 300 diputaciones federales–, las dirigencias estatales se pongan las pilas y dejen de buscar cobijo en Palacio Nacional al suponer que con su apoyo ganarían todo.
Intención de anular
Mañana, por disposición legal, el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) habrá de calificar las elecciones, con la corrección y la validación de las cifras que registra el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).
Y lo más seguro es que refrende el tsunami electoral que otorga al PRI las 16 curules uninominales, de 16 en disputa.
Sin embargo, en las primeras horas de la víspera morena presentó sus quejas ante esa instancia, solicitando anular las elecciones.
Y una vez que se extiendan las actas de mayoría, por instrucciones de la dirigencia nacional de morena, el Comité Directivo Estatal (CDE) acudirá al Tribunal Electoral de Coahuila a promover un mar de impugnaciones.
Doy por descontado su fracaso, por lo que entonces solicitaría que ese asunto se lleve a la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y, en caso de que la resolución también le sea adversa en cuanto a la anulación del proceso, acudir a la Sala Superior.
Lo cierto es que la dirigencia nacional de morena agotará todo recurso legal en su intentona de cobrarse la humillación.
Como parte de las impugnaciones presentarán videos de la compra de votos. Igual que lo hará el PRI, pues el tricolor cuenta con evidencias claras de que los morenos repartieron dinero a ciudadanos para votar en favor de sus candidatos.
Así que este circo apenas abrió su función estelar.
Aunque, como dice el dicho, ‘palo dado, ni Dios lo quita’.
Universidad
La transformación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), en lo que respecta al sistema educativo profesional y de posgrado, muestra a la fecha un avance significativo con la creación de nuevas carreras y un plan de especialidades que aportarían al desarrollo del estado y del país.
Además, su crecimiento en infraestructura –como la creación de otras facultades y preparatorias–, refrenda el trabajo del rector –Dámaso Anaya Alvarado–, quien, por cierto, practica una política humanista en el ejercicio, atendiendo puntualmente la demanda presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo y del gobernador Américo Villarreal Anaya, para que las instituciones de educación superior se transformen para bien de sus alumnos.
A la fecha, la UAT opera eficientemente con la renovación de cuadros administrativos y docentes en varias de sus unidades (26 según registros), pero sé, bien, que Dámaso Anaya Alvarado proyecta impulsar actividades, entre mentores y estudiantes, para fortalecer la unidad institucional.

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