Morena y el arribismo

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Por María Jaramillo Alanís

Nayeli Salvatori y Graciela Palomares, diputadas de Morena allá, en la hermosísima Puebla, son el perfecto ejemplo de lo que hemos dicho una y otra vez: el Movimiento de Regeneración Nacional necesita una purga; es decir, echar a los sapos —y ranas— que hayan entrado con la visión de encontrar empleo en los gobiernos de la 4T y en el partido en el poder.

Ustedes dirán: “¡Ah, es en Puebla!”. Pues volteen a ver a sus compañeros y sean sinceros: ¿neta es morenista o solo anda por el hueso, la carnita, la médula?

Hace tiempo, un amigo, en una larga charla, sostenía que al gobierno —en Tamaulipas— habían llegado los que tenían que llegar, con los que se debía gobernar, porque quienes venían de la izquierda no se habían preparado para ser gobierno.

Mi respuesta fue corta y hoy vuelvo a repetirla: los de izquierda no se prepararon para robar, saquear ni socavar el proyecto alternativo de nación.

Recordé nombres de mujeres y hombres de izquierda con doctorados; historiadores, médicos, enfermeras, profesores, poetas, pintores, periodistas, obreros del norte, de la Ribereña, de la Huasteca; una pléyade de gente de bien que hizo de la lucha social una forma de vida y no una escalera para conseguir un cargo.

Salvatori y Palomares son dos jóvenes mujeres de esa “izquierda” con la que gobierna Morena en Puebla. Entonces pregunto: ¿cuántas de las y los diputados morenistas que hay en el Congreso de Tamaulipas son similares a las poblanas?

Le faltan dedos para contar los nombres.

Y también para señalar que, con ellas y ellos, el Movimiento de Regeneración Nacional transitará por vericuetos, callejones sombríos y caminos bastante alejados de aquello que alguna vez se llamó proyecto alternativo de nación.

Y sí, la presidenta Claudia Sheinbaum corre riesgos con estas y estos saltimbanquis de la política, porque brincar de una posición a otra, acomodarse donde haya poder y aparecer siempre en la fotografía correcta no convierte a nadie en militante ni, mucho menos, en representante de un movimiento.

Vamos más lejos.

Hablando de Tamaulipas ¿Conoce usted a las personas que recientemente han sido designadas como servidores públicos en Atención Ciudadana, IPSSET, las vocerías de Salud y otras dependencias? Incluso hay dependencias que continúan acéfalas desde el inicio del gobierno de la 4T.

No. Nadie los conoce. Solo en su casa.

Son, simplemente, ARRIBISTAS: sin ética, sin ideología y con una sola convicción firmemente arraigada: servirse con la cuchara grande.

A ellos y a ellas, aquello de que “con el pueblo todo y sin el pueblo nada” les vale sombrilla.

Fungen como servidores públicos y diputadas y diputados aquellos que adulan, se arrodillan y a todo dicen “sí”, largo y fuerte. Son los profesionales del aplauso, los especialistas en la reverencia y los expertos en detectar de qué lado sopla el viento del poder.

En Morena tendrían que dejar de hacer lo mismo que hacían en el viejo régimen. Tendrían que dejar de repetir las prácticas de quienes se eternizaron en la política a fuerza de acomodarse, sonreír y sobrevivir.

Tendrían que dejar de hacer lo que hacen algunos de los llamados “referentes” políticos, como Olga Sosa y José Ramón Gómez, que, sin pena ni gloria, simplemente se montan en los eventos de otros, se toman la foto y corren a subirla a sus redes sociales.

Eso sí: para defender los postulados de la 4T, ahí sí parece que se les acaba la señal.

Aquellas, las de Puebla, nos dijeron que los viejos ya “olemos a baúl”.

Estos de Tamaulipas, simplemente, ni nos ven ni nos oyen.

¡Las y los viejos no existimos!

¡Y yo que me siento, huelo y creo a cajita de Olinalá!

Que no se confundan: una cosa es la edad y otra muy distinta la memoria. Y quienes hemos visto pasar a tantos políticos sabemos distinguir perfectamente entre quien llega a servir y quien llega a servirse.

Desde Mi Trinchera…

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