Por María Jaramillo Alanís
Hay decisiones de gobierno que obligan a preguntar, sin rodeos: ¿quién propuso tal despropósito y para qué?
En Tamaulipas se pretende crear una Secretaría de las Mujeres, separando al Instituto de las Mujeres de la Secretaría de Bienestar Social y elevándolo a rango de secretaría. La propuesta será discutida por el Congreso del Estado durante el periodo extraordinario convocado para este martes 18 de agosto.
Y aquí aparece la gran pregunta:
¿Una Secretaría por capricho? ¿Para atender mujeres? ¡Vaya desatino!
Que nadie malinterprete la crítica.
Las mujeres tamaulipecas necesitan atención, protección y políticas públicas mucho más eficaces. Precisamente por eso resulta válido cuestionar si cambiar el nombre, el rango y el lugar de una institución dentro del organigrama realmente va a resolver los graves problemas que enfrentan miles de mujeres.
Porque crear una secretaría no significa automáticamente crear resultados.
Tamaulipas tiene una realidad que no admite maquillaje burocrático. Se han reportado más de 20 feminicidios, la violencia intrafamiliar está desbordada y han trascendido denuncias de agresiones sexuales, incluso contra médicas en hospitales. Reynosa, Valle Hermoso, Ciudad Madero y Ciudad Victoria han aparecido recientemente en el mapa de hechos y situaciones que deberían encender todas las alarmas.
Entonces, la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿Qué problema concreto va a resolver la nueva Secretaría de las Mujeres que no pudo resolverse desde la estructura actual?
Porque hasta hoy, como instituto o dirección no han dado los resultados esperados, como secretaría menos.
Una reforma administrativa puede ser necesaria. Lo que no puede ser es que se confunda una modificación del organigrama con una política pública.
Las mujeres no necesitan solamente más escritorios, más funcionarios, más nombramientos o un nuevo membrete.
Necesitan seguridad.
Necesitan prevención.
Necesitan atención inmediata.
Necesitan acompañamiento cuando denuncian.
Necesitan que las instituciones les crean y les respondan.
Necesitan que la FGJT aplique los protocolos cuando ellas han sido víctimas de ataques sexuales (Caso Matamoros)
Necesitan JUSTICIA (las más de 20 asesinadas)
Y, sobre todo, necesitan que los recursos públicos destinados a protegerlas se traduzcan en resultados verificables.
Por eso también habría que preguntar: ¿quién propuso esta transformación y con qué diagnóstico? ¿Se hizo una evaluación seria del funcionamiento del Instituto de las Mujeres?
¿Se conocen sus resultados?
¿Se determinaron sus deficiencias?
¿Se calculó cuánto costará la nueva secretaría?
Por cierto, ¿dónde quedó la “austeridad republicana”?
¿Habrá más presupuesto para atender a las víctimas o simplemente se redistribuirán las mismas funciones bajo una nueva denominación?
Y una pregunta todavía más incómoda:
¿Es una decisión basada en las necesidades reales de las mujeres tamaulipecas, una homologación con la estructura federal o tiene algún componente político-electoral?
Si se trata de homologación, que se diga.
Si se trata de fortalecer la institución, que se explique cómo.
Y si se pretende obtener mejores resultados, que se establezcan desde ahora metas concretas y mecanismos de evaluación para que la ciudadanía pueda comprobar si la reforma funcionó o fue simplemente otro movimiento burocrático.
Porque una secretaría no debe convertirse en un premio político, una cuota, una posición administrativa o una plataforma electoral.
Debe ser una institución capaz de responder a una emergencia social.
Y la emergencia existe.
Mientras se discuten organigramas, en muchos hogares tamaulipecos hay mujeres viviendo con miedo. Hay víctimas que necesitan protección. Hay familias que esperan justicia. Hay niñas y jóvenes que requieren prevención y espacios seguros.
Ellas no pueden esperar a que la burocracia se ponga de acuerdo consigo misma.
Por eso resulta hasta ofensivo pretender que el problema se resuelve elevando una institución de rango, cuando lo que se requiere es elevar su eficiencia, capacidad y resultados.
No se trata de estar en contra de una Secretaría de las Mujeres.
Se trata de estar en contra de crear instituciones sin demostrar primero para qué sirven y qué van a cambiar.
Porque si mañana tenemos una nueva secretaría, pero continúan los feminicidios, aumenta la violencia familiar, persisten las agresiones sexuales y las víctimas siguen sin encontrar respuestas eficaces, entonces habrá que preguntar:
¿Para qué sirvió el cambio?
¿Para proteger a las mujeres?
¿O para engordar la estructura gubernamental?
La ciudadanía merece respuestas antes de aprobar más burocracia.
Y los diputados tienen una responsabilidad que va mucho más allá de levantar la mano y aprobar por unanimidad.
Tienen que preguntarse si están creando una institución que realmente resolverá problemas o simplemente otra oficina que administrará los mismos problemas de siempre.
Porque los cargos pueden cambiar. Los organigramas pueden cambiar. Los membretes pueden cambiar.
Pero… la realidad no cambia por decreto.
Y ahí está el verdadero desafío para Tamaulipas: demostrar que esta reforma no será una simulación administrativa ni una decisión tomada por capricho, sino una transformación que tenga consecuencias concretas en la vida de las mujeres.
De lo contrario, habrá que decirlo con todas sus letras:
Una Secretaría por capricho, para atender mujeres, sería un verdadero desatino.
Porque las mujeres tamaulipecas no necesitan que el Gobierno les prometa otra oficina.
Necesitan que las instituciones funcionen.
Pero queda claro que como direcciones no dan el ancho… como secretarías, menos.
Y el caso de la Secretaría de Innovación e Inteligencia Digital es un adorno,en un estado que ocupa servidores públicos comprometidos y eso, tristemente no existe.
PD: Las y los diputados podrían añadir como secretarías al ITAVU, INDE,ITIFE…Total, dinero y manos alzadas, hay para crearlas ¿O no?
Desde Mi Trinchera…

