Por María Jaramillo Alanís
El regreso a clases está a la vuelta de la esquina y, para miles de familias tamaulipecas, también se aproxima una de las temporadas de mayor presión económica del año.
El próximo 31 de agosto de 2026 comenzará oficialmente el ciclo escolar 2026-2027. En Tamaulipas, alrededor de un millón de estudiantes de educación básica y media superior volverán a las aulas, lo que significa que cientos de miles de hogares deberán enfrentar, en cuestión de semanas, una larga lista de gastos.
Y surge la pregunta inevitable: ¿cuánto cuesta realmente preparar a un estudiante para regresar a clases?
La respuesta no es alentadora.
De acuerdo con estimaciones difundidas por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, el gasto promedio para el regreso a clases en 2026 alcanza aproximadamente 12 mil 422 pesos por estudiante, frente a los 10 mil 916 pesos estimados el año pasado. Esto representa un incremento de alrededor del 13.8 por ciento.
Y no hablamos únicamente de cuadernos y lápices.
La lista incluye útiles escolares, mochila, uniformes, calzado, artículos de higiene, transporte, alimentación y, en muchos casos, herramientas tecnológicas.
Las cuotas, otro golpe al bolsillo
Cada ciclo escolar vuelve la misma historia. A los padres de familia se les solicita dinero para mantenimiento, limpieza, actividades, materiales, mejoras del plantel y otros gastos que, de una manera u otra, terminan pesando sobre el presupuesto familiar.
Las aportaciones de las asociaciones de padres de familia no deberían convertirse en una condición para que un estudiante reciba educación. Sin embargo, en la realidad muchas familias las perciben como cuotas prácticamente obligatorias.
Ahí es donde la frase de que “la educación pública es gratuita” comienza a quedarse, para muchos padres de familia, solamente en el texto constitucional.
Porque el padre de familia tiene que comprar útiles, uniformes, zapatos, tenis y mochila; en algunos casos, pagar transporte y alimentación, además de cubrir materiales adicionales y las llamadas cooperaciones.
Entonces, ¿en qué momento la educación pública dejó de ser un gasto para convertirse en una colección de pequeños cobros que, juntos, representan una cantidad considerable para una familia?
Los números hablan
Según Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, tan sólo los útiles escolares, cuadernos, lápices, colores, pegamento, instrumentos de geometría y mochila representan un gasto promedio de aproximadamente 3 mil 802 pesos.
A ello hay que agregar uniformes de uso diario, y de educación física, calzados escolar y deportivo, así como los gastos que aparecen durante el ciclo.
Y mientras las familias juntan la morralla, el Gobierno de Tamaulipas anuncia la entrega de paquetes de cuadernos, mochilas sencillas y juegos de geometría, así como paquetes de útiles escolares para determinados grados.
¡Bienvenido sea cualquier apoyo!
Pero seamos realistas: una mochila y algunos cuadernos no resuelven el costo total del regreso a clases.
No se trata de menospreciar el apoyo, sino de poner las cosas en su justa dimensión.
Una familia no manda a sus hijos a la escuela solamente con cuadernos. Hay que comprar uniformes, zapatos y tenis; pagar transporte cuando se necesita; cubrir alimentación y materiales adicionales, y hacer frente a las cuotas que se solicitan durante el ciclo escolar.
El problema se vuelve todavía más complicado cuando una familia tiene dos o tres hijos estudiando.
Lo que para una autoridad puede parecer un apoyo importante, para una familia de ingresos limitados puede representar apenas un pequeño alivio frente a una factura mucho mayor.
Y el contexto económico tampoco ayuda.
La inflación presiona los precios de bienes y servicios, mientras los ingresos de muchas familias no crecen al mismo ritmo.
Para una familia con un solo estudiante, reunir más de 12 mil pesos puede representar un esfuerzo considerable. Para quienes tienen dos hijos, la cantidad puede superar fácilmente los 24 mil pesos; con tres, la cuenta puede acercarse o rebasar los 36 mil pesos, dependiendo de las necesidades de cada estudiante.
Y todavía falta sumar las cuotas.
Es aquí donde el discurso de la gratuidad educativa choca con la realidad cotidiana.
Porque mientras en el papel se habla de una educación pública gratuita, en la práctica los padres de familia tienen que sacar dinero de donde pueden para cubrir una interminable lista de necesidades escolares.
La educación podrá ser gratuita en el papel, pero mandar a un hijo a la escuela definitivamente no lo es.
Y esa diferencia debería preocuparnos.
Una cosa es que los padres participen voluntariamente en el mejoramiento de las escuelas y otra muy distinta es que una aportación termine percibiéndose como obligatoria o indispensable para que el plantel funcione.
¿Y lo demás, quién lo paga?
El regreso a clases está cada vez más cerca.
Las autoridades entregarán apoyos. Las escuelas abrirán sus puertas. Los maestros estarán listos.
Y los padres de familia, como siempre, tendrán que hacer milagros con el presupuesto.
Frente a una cuenta que puede superar los 12 mil pesos por estudiante, más uniformes, calzado, transporte, alimentación, materiales y cuotas, muchas familias tamaulipecas seguirán preguntándose:
¿Y lo demás, quién lo paga?
Porque apoyar a las familias no consiste solamente en entregar una mochila y unos cuadernos.
Consiste en lograr que ningún padre de familia tenga que elegir entre pagar los gastos escolares de sus hijos o poner comida sobre la mesa.
Y quizá ya sea momento de preguntarnos, seriamente, si la educación pública realmente es gratuita… o si esa palabra se quedó solamente en la Constitución.
¡Feliz regreso a clases…!
Desde Mi Trinchera…

