Por María Jaramillo Alanís
En Tamaulipas parece que nuestras prioridades legislativas viven en una dimensión desconocida.
Mientras el estado enfrenta problemas de violencia feminicida, impunidad, pobreza extrema y una ciudadanía que exige resultados, nuestros muy ocupados diputados encontraron una emergencia que, al parecer, ya no podía esperar: ¡los salones que ofrecen la pedicura y manicure de las uñas!
Sí, leyó usted bien.
La diputada Silvia Chávez Garay,– morenista- presentó una iniciativa para establecer controles sanitarios en establecimientos donde se realizan manicure, pedicura, aplicación de uñas y otros procedimientos de embellecimiento.
¡Qué alivio!
Porque una cosa es que una mujer tenga miedo de salir a la calle oscura y otra muy distinta es que salga del salón con una infección en una uña.
Hay que reconocer prioridades.
Tamaulipas puede tener problemas de seguridad, pero al menos podremos presumir que nuestras uñas estarán perfectamente sanitizadas.
Mientras se habla de más de 20 feminicidios reconocidos por la propia Fiscalía, mientras las familias siguen esperando justicia y mientras la palabra impunidad forma parte del vocabulario cotidiano de los tamaulipecos, nuestros representantes populares descubrieron que el enemigo público número uno podría estar escondido… ¡debajo de una lima de uñas!
Y uno se pregunta:
¿En serio esto era lo más urgente?
Porque cuando una ciudadanía reclama seguridad, justicia y combate a la pobreza, lo mínimo que espera de sus diputados es que volteen hacia los problemas que realmente importan al estado.
Pero quizá estamos siendo injustos.
Tal vez el razonamiento legislativo sea algo así:
—“¿Qué hacemos con los feminicidios, mana?”
—“No sé.”
—“¿Y con la impunidad?”
—“Tampoco sé.”
—“¿Y con la pobreza extrema?”
—“Menos.”
—“¿Y los salones de uñas?”
—“¡Eso sí se tiene que resolver de inmediato!”
Y así nació la gran cruzada legislativa por la higiene de las cutículas.
No vaya a ser que Tamaulipas termine convertido en potencia mundial de la manicure mientras las víctimas de la violencia siguen esperando justicia.
¿Y los juzgados? ¿Y la justicia?
Porque hay otro pequeño detalle que parece incomodar cuando se habla de prioridades: la percepción ciudadana de que en los juzgados hay asuntos que merecen una revisión profunda y una vigilancia mucho más seria.
Los tamaulipecos escuchan hablar de expedientes, jueces, decisiones judiciales y, desde hace años, de sospechas y señalamientos sobre posibles prácticas indebidas.
Y aquí sí sería interesante que nuestros legisladores preguntaran:
¿Cómo estamos garantizando que la justicia no se venda, no se negocie y no se manipule?
Porque si vamos a hablar de higiene, quizá deberíamos empezar por la higiene institucional.
Y ahí sí haría falta una desinfección profunda.
Una de esas que no se resuelven con alcohol, algodón y lámpara UV.
Mientras tanto, la pobreza también espera su turno
Hay familias tamaulipecas que hacen malabares para llegar a fin de mes.
Hay personas que no tienen empleo digno, que batallan para comprar alimentos, medicamentos o pagar servicios básicos.
Pero parece que esos problemas no generan tanta urgencia legislativa como establecer protocolos para que el salón de uñas tenga correctamente esterilizados sus instrumentos.
No vaya a ser que el ciudadano llegue a fin de mes con hambre, pero con las uñas impecables.
Eso sí sería una tragedia.
Diputados: menos cosmética y más resultados
Nadie está diciendo que la higiene en los establecimientos de belleza sea un asunto irrelevante.
Claro que debe existir.
Pero una cosa es legislar para proteger la salud pública y otra muy distinta es utilizar iniciativas menores como escaparate, mientras los grandes problemas del estado siguen esperando a que las señoras y señores diputados volteen a verlos y quizá a legislar por el bien de la población.
La pregunta no es si las uñas deben estar limpias.
La pregunta es:
¿Cuándo vamos a limpiar de verdad aquello que huele mal? Por ejemplo; la rampante corrupción del prófugo Cabeza de Vaca y que el Fiscal Andrés Repper jamás ha visto.
Tamaulipas necesita mucho más que protocolos para manicure. Necesita seguridad, justicia, instituciones confiables, combate a la corrupción, atención a las víctimas y políticas serias contra la pobreza.
Y necesita diputados que entiendan que su trabajo no consiste únicamente en presentar iniciativas que suenen bien en un boletín de prensa.
Los ciudadanos necesitan resultados.
Así que, diputada Silvia Chávez Garay, adelante con las uñas.
Pero cuando termine la sesión legislativa que se plantea para el tema de las uñas, quizá sería bueno preguntarse:
¿Quién va a atender las heridas mucho más profundas que tiene Tamaulipas?
Porque esas no se arreglan con esmalte. Y mucho menos con discursos.
Tamaulipas no necesita una manicure institucional. Necesita una cirugía mayor. Y quizá lo que más necesita es extirpar el hongo que representan las y los políticos de poca monta que en nada o bien poco ayudan a Tamaulipas.
¡Ya basta de políticos y políticas jocoque!
Desde Mi Trinchera…

