El sacerdote nos mintió 

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Expediente
Azahel Jaramillo H.
                       ¿Cómo están? En mis tiempos de primer año de secundaria, en la Escuela 20 de Noviembre» en mi natal Cd. Madero me ocurrió que a tres compañeros de mi grupo y a mi, un sacerdote de la cercana Parroquia de San Juan Bosco nos mintió, nos retuvo en la iglesia, y luego llamó a las autoridades de mi escuela para que fueran por nosotros, manteniéndonos detenidos por horas en un salón de clases vacío.
                Esto ocurrió en el año 1973. Les platico. Ocurrió que en ese tiempo, de la iglesia ubicada a dos cuadras de mi secundaria surgió el rumor, la versión de que en el sótano de dicha Parroquia había criptas donde estaban sepultadas personas.
                Una versión que yo entonces escuché es que de un ataúd recién llegado a esa parroquia y colocado en el piso, un buen día apareció abierto y con la mano ya huesuda de una elegante dama.
                Alguna gente empezó a la referida  mujer fallecida a llamarla «La Mujer Vampiro de la Iglesia de Árbol Grande».
            La referida Parroquia, repito, se ubica a pocas cuadras de mi secundaria «20 de Noviembre». El sacerdote, lo investigue ahora, era el Padre Ignacio Rosiles Namorado.
            Bien que recuerdo que eran tiempos en que el Taller de Carpintería –donde estaba yo– en la radio que estaba por ahí, escuchábamos canciones que estaban de moda: «El gato en la oscuridad», del brasileiro Roberto Carlos, y «16 años», del español Julio Iglesias. Vale decir que al principio el Taller de Carpintería estaba en un área del muy extenso patio, bajo unos árboles.
            «El gato que está en la oscuridad/sabe que en mi alma, una lagrima hay», dice la melodía de Roberto Carlos. Por ahí tengo ese disco L.P. de vinilo.
             En la Secundaria teníamos como directora a una profesora bien enérgica, maestra Amelia Camero Torres, era bien  mandona, tanto que un buen día—yo no — alumnos le armaron una huelga de varios días, con la escuela tomada,  buscando su destitución.
         Pero estamos en la historia de la Mujer Vampiro. Estaba yo en el turno matutino, y ocurre que un día no tuve la última clase pues el profesor no llegó, y nos dieron salida. «¿Y ahora que hacemos?», preguntó un compañero del grupo.
       «¡Pues vamos a ver la Mujer Vampiro!», sugirió un compañero, y añadió: «Ya ver que están dejando pasar a verla. Y dicho y hecho. Los cuatro muchachitos de la secu, con nuestras mochilas, y –obvio–con el uniforme puesto nos encaminamos a la cercana Parroquia.
         Había como dos o tres autobuses foráneos de pasajeros, y una fila, «cola», inmensa, de gente que iba a pasar al sótano a ver a la Mujer Vampiro.  Era ya tanta la presión social, las versiones, rumores de la Vampiro que ya estaban dejando pasar a la gente a ver el cadáver en razón de acabar con los rumores.
           Se entiende que el cuerpo no estaba del todo descompuesto en razón de que el ataúd de la dama de referencia, había estado varios años sepultada en Salamanca, Guanajuato, donde ocurre como en el mero Guanajuato donde por cuestiones de la tierra, a veces con productos mineros, se momifican. Según.
             Total que mis tres compañeros y yo al llegar ese mediodía a las puertas de la Parroquia, el sacerdote al vernos  con nuestro uniforme y escudo de la «20 de Noviembre»,  seguramente ya harto de todo asunto, exclamó: «¡ A vere esos alumnos de la 20!. ¡Ustedes no hacen fila!, ¡Ustedes pasan directo; pásenle por acá!»
                Y los cuatro, pues pasamos, a un lado de la gente de la fila. Y entramos a una estancia. Y nos dice el padre Rosiles: «Ahorita van a pasar ustedes muchachos. Ya no tardan mucho en pasar».
              Dicen los que saben que mentir es pecado. Y el sacerdote nos mintió. Al ratito llegó el Prefecto de la Secundaría y muy enojado nos metió a un salón adyacente a la Dirección.
           Y ahí nos retuvo. Llegaron los alumnos del turno vespertino, y la directora Amelia Camero nos puso de mal ejemplo, de ignorantes , ordenó ahí retenernos como castigo.
                 Del salón donde estábamos retenidos, mas no encerrados mis tres compas se fueron, salieron a los pocos minutos. Temeroso no hui de inmediato pero si varios minutos luego que lo otros tres de mi grupo, el Primero «A» , agarraron camino.
                       ARRANQUE DEL «ABC DE LAS EMOCIONES»
                En el puerto de Tampico, arrancó la estrategia nacional «El ABC de las Emociones». «Porque la salud mental no es solamente lo que piensa una persona, también tiene que ver con la familia, la escuela, las amistades y la comunidad en que vive; por eso, cuidarse también significa aprender a cuidar a los demás, afirmó Zamira Jolet Vega Guerrero, estudiante del Colegio de Bachilleres del Estado de Tamaulipas (COBAT), a nombre de sus compañeros.
La alumna del grupo 302 del plantel 04 en Tampico refirió que, como jóvenes, están creciendo, aprendiendo, tomando decisiones y descubriendo quiénes son, por lo que, aunque parezca que todo está bien, no siempre es así; por eso, la importancia de que, a través de esta estrategia, entiendan que sentir no los hace débiles y que sentir miedo, tristeza, enojo, confusión o estrés no significa que haya algo malo en ellos.
Precisó que las emociones forman parte de nuestra vida y nos ayudan a reconocer lo que nos importa y lo que necesitamos. También señaló que aprendieron que no tienen que enfrentar todo solos. Pedir ayuda no es rendirse. Hablar no es exagerar. Llorar no nos hace menos fuertes y escuchar a alguien puede cambiar el día o incluso la manera en que enfrenta un momento difícil.
             Zamira Jolet expresó que las redes sociales son parte fundamental de sus vidas, que constantemente ven personas perfectas, idealizándolas, sin saber si son vidas reales o no. Mencionó que también es necesario hablar de la violencia, que no siempre es física, pero que se padece como burla, humillación o exclusión e incluso se tolera cuando alguien más la sufre y no se hace nada para evitarlo, por temor a ser juzgado por los demás.
“Si queremos una comunidad diferente, tenemos que comenzar por nosotros mismos. Tenemos que aprender a respetar, escuchar, incluir y acompañar. Porque una escuela no solamente es un lugar donde venimos a aprender matemáticas, ciencia e historia. La escuela también es el lugar donde aprendemos a ser personas, aquí aprendemos a convivir, a equivocarnos, a pedir perdón, a levantarnos y ayudar a alguien más», añadió Zamira Jolet. (NOS VEMOS).

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