CONGRESO TRAMPOLÍN POLÍTICO
Por María Jaramillo Alanís
Humberto Prieto mira hacia Reynosa, pero el Congreso de Tamaulipas sigue reprobado en transparencia. Y mientras el presidente de la Junta de Gobierno parece tener la mirada puesta en su futuro político, el Poder Legislativo que encabeza ocupa el lugar 29 de 32 congresos locales evaluados por el Colectivo Ciudadanos por Municipios Transparentes (CIMTRA).
La calificación es de apenas 25.3 por ciento. Ni siquiera alcanza para disimular el tamaño del problema.
¿Con estos resultados piensa presentarse Humberto Prieto ante los reynosenses para pedirles su confianza? ¿Con qué argumentos hablará de buen gobierno, responsabilidad pública y rendición de cuentas si el Congreso bajo su conducción aparece entre los peor evaluados del país?
Porque una cosa es construir una aspiración política y otra cumplir con las responsabilidades del cargo que se ocupa. Y, a juzgar por los resultados, en el Congreso tamaulipeco hay demasiadas cuentas pendientes.
La evaluación correspondiente a 2026 coloca a la Casa del Pueblo de los Tamaulipecos, en el sótano de la transparencia legislativa. Solamente supera a Guerrero, Querétaro y Baja California Sur, aunque comparte el 25.3 por ciento con Guerrero. El resultado no es una percepción de los adversarios políticos ni una ocurrencia de los críticos de ocasión: es una medición realizada por una organización ciudadana que revisa la información disponible sobre el funcionamiento de los poderes legislativos.
Y aquí es donde el asunto se pone incómodo para el diputado que ya parece tener un ojo en el Congreso y el otro en la Presidencia Municipal de Reynosa.
La Ciudad de México obtuvo 43 por ciento, mientras que Nuevo León alcanzó 30 por ciento. Ninguno de los dos resultados es para echar las campanas al vuelo, pero ambos permiten dimensionar el rezago tamaulipeco: la capital del país supera a Tamaulipas por 17.7 puntos porcentuales y Nuevo León por 4.7.
Así de sencillo: el Congreso tamaulipeco está por debajo de ambas referencias y a una distancia considerable de los estándares mínimos que la ciudadanía debería exigirle a una institución de esta naturaleza.
Pero no se trata únicamente de comparar números. El verdadero problema está en lo que esos números representan.
CIMTRA evalúa ocho áreas relacionadas con la integración de los congresos, el desempeño legislativo, la documentación parlamentaria, los gastos, la administración, el control interno, la vinculación ciudadana y el acceso a la información.
Es decir, no basta con subir fotografías de las sesiones, publicar boletines o presumir iniciativas. La transparencia también exige que los ciudadanos puedan conocer cómo se manejan los recursos, qué controles existen, cómo se supervisa el trabajo legislativo y qué resultados entregan quienes cobran del erario.
Y eso es precisamente lo que debe explicar la presidencia de la Junta de Gobierno.
Porque Humberto Prieto no ocupa un cargo honorífico ni está al frente de una oficina destinada a promover su imagen personal. Tiene una responsabilidad institucional y política sobre el funcionamiento del Congreso. Por ello, aunque la evaluación corresponde al Poder Legislativo en su conjunto, es legítimo exigirle explicaciones y acciones concretas desde la posición directiva que ocupa.
Si la alcaldía de Reynosa está en su horizonte, la transparencia debería estar en su presente.
De poco sirve pensar en la siguiente candidatura si todavía hay resultados que responder en la responsabilidad actual. La política no debería funcionar como una escalera donde cada peldaño se utiliza para llegar al siguiente sin rendir cuentas por el anterior.
Y vaya que hay asuntos para revisar.
El promedio nacional de transparencia legislativa descendió de 46.5 por ciento en 2022 a 43.4 por ciento en 2026. La tendencia es preocupante, pero el retroceso nacional no puede convertirse en pretexto para justificar el pobre desempeño tamaulipeco. Que otros también tengan problemas no vuelve aceptable una calificación de 25.3 por ciento.
Mucho menos cuando se trata de un poder público cuya función es elaborar leyes y vigilar el ejercicio del poder.
La contradicción resulta evidente: quienes tienen la responsabilidad de legislar y exigir el cumplimiento de las normas deberían ser los primeros en poner el ejemplo en materia de transparencia.
Sin embargo, la evaluación exhibe una realidad que no se corrige con discursos ni con ceremonias oficiales. Se corrige publicando información completa, facilitando el acceso ciudadano, fortaleciendo los controles internos y permitiendo que cualquiera pueda revisar el uso de los recursos públicos.
¿Habrá una respuesta seria desde la Junta de Gobierno? ¿Se presentará un plan para corregir las deficiencias detectadas? ¿O el resultado terminará archivado entre los asuntos incómodos mientras la agenda política avanza hacia la próxima elección?
Esas son las preguntas que deberían ocupar la atención de Humberto Prieto, antes que cualquier cálculo electoral.
Porque una candidatura puede anunciarse, negociarse o construirse con trabajo político. La confianza ciudadana, en cambio, se gana con resultados.
Y el resultado que hoy tiene frente a sí el congreso de Tamaulipas es una reprobada de 25.3 por ciento.
Humberto Prieto tendrá que decidir qué quiere dejar como saldo de su paso por la Junta de Gobierno: un Congreso que avance en transparencia o una institución marcada por sus deficiencias mientras su presidente busca posicionarse para la siguiente aventura política.
Porque Reynosa no es el problema. Aspirar a gobernarla tampoco.
El problema es querer dar el siguiente paso sin haber demostrado que se cumplió con el actual.
Es cuánto…
Desde Mi Trinchera…

