Piso parejo

Golpe a golpe / Juan Sánchez Mendoza

Hasta hoy, ninguna de las tres principales fuerzas políticas del estado tiene elementos sólidos para presumir superioridad en el proceso electoral, pues, a diferencia de otras justas intermedias, en esta ocasión se advierte interés ciudadano inusitado por participar en las urnas.

Pero sin definir todavía sus preferencias.

Sobre todo porque ahí calificarán a los tres órdenes de gobierno, aun y cuando se trate de una contienda para renovar el Congreso local, en la que va inmersa la gobernabilidad de Tamaulipas.

Eso obliga al tricolor y albiceleste a replantear sus estrategias fincadas en el voto estructural o corporativo; así como al membrete lópezobradorista de procurar la reconciliación con las bases que se sienten desplazadas con el reparto de candidaturas.

De otra forma, salvo en contados distritos, los resultados se antojan de pronóstico reservado, aunque las dirigencias partidistas citen encuestas sin revelar qué firmas las levantaron, donde aparecen favoritas hasta por dos a uno, cuando menos.

¿Quién les cree? Por supuesto, nadie, ya que la percepción ciudadana varía de un día a otro según van registrándose los aspirantes y avanzan los comportamientos de los regímenes federal, estatal y municipal.

Como fuere, hacia el interior de los comités estatales se nota una clara incertidumbre.

Quizá más en el tricolor ante el desprendimiento de cuadros que otrora harto se beneficiaron con posiciones legislativas y abiertamente buscan ser ‘palomeados’ por el alto mando de Morena, cuya militancia original adolece de fuerza suficiente para garantizar el triunfo.

Y por ello, tal vez Morena recurra a la inclusión de políticos ‘conversos’ (chaqueteros se les llama en el lenguaje coloquial), mientras Acción Nacional buscaría persuadir a los alcaldes que le juegan las contras por ver frustrada su intención de imponer candidatos.

Ante este panorama, advierto una elección apretada en los distritos de la frontera, donde el efecto Morena ha rebasado todas las expectativas aun cuando el Partido Acción Nacional juega sus mejores cartas, pero teniendo al enemigo en casa –en los casos de Reynosa y Matamoros los alcaldes; y uno que otro inconforme con las designaciones–, abonando al proyecto del mentado ‘Peje’.

Por ello debieran aplicarse más los abanderados albicelestes, pues no sólo está en juego su presencia en el Congreso, sino la gobernabilidad de la entidad.

Más cuando hay interés marcado del Gobierno Federal de controlar el Congreso estatal para ahí fincar un poder paralelo al Ejecutivo, significando esto que su intención es desplazar al mandatario mediante un recurso legal que no aplicaría aunque se aprobara de inmediato porque ninguna ley tiene carácter retroactivo.

Hablo de la revocación del mandato, obviamente.

En cuanto al PRI, usted bien sabe que esta vez tratará de pescar a río revuelto, simple y llanamente porque fuera de Alejandro Etienne Llano, en la geografía tamaulipeca no aparece ningún otro precandidato con tamaños suficientes para dar la pelea en serio.

Expulsión necesaria

Sin miramientos de ninguna especie a los ‘chaqueteros’ el Comité Directivo Estatal (CDE) priista debe aplicarles el reglamento partidista.

Concretamente, expulsarlos de sus filas.

Y no esperar que ellos decidan causar baja porque su traición, es más que evidente.

Actuar en consecuencia le generaría al tricolor dividendos, porque aún existen cuadros que creen en la recuperación del partido.

Y el hecho de que se dude todavía de un escarmiento sólo abona a su propio descrédito.

¿Miento?

Guardia Nacional

El dictamen sobre la Guardia Nacional aprobado por senadores de Morena, sufriría modificaciones sustanciales en la sesión plenaria de mañana, aún y cuando 11 gobernadores priistas, de 12, avalen el anteproyecto presentado en las comisiones unidas de Puntos constitucionales y Estudios legislativos de la Cámara alta.

Las más significativas a discutirse son: 1) el mando de la corporación y 2) el establecimiento de tiempos para que la milicia retorne a los cuarteles.

Sobre el primer punto los legisladores antagonistas al proyecto aducen que un mando militar dependiente del jefe del Ejecutivo Federal, daría pie a militarizar el país, por lo que su contrapropuesta es crear una Guardia Civil, pero sin militares.

En respuesta Andrés Manuel López Obrador alega que aceptarlo sería como reeditar la Policía Federal, pues ésta no ha funcionado y hay muchos problemas de corrupción en compras de equipo, el suministro de alimentos y otros vicios “que ya no queremos; y no podemos seguir con la simulación de siempre…”

Acerca del re-acuartelamiento castrense la mayoría de senadores, hoy todavía, exigen fechas precisas porque constitucionalmente los militares no tienen por qué estar en las calles, revirándoles el jefe del Ejecutivo Federal, porque, considera, “hay un cambio de actitud en las Fuerzas Armadas, con relación al pasado inmediato… y sólo así se puede atender el problema de inseguridad y violencia”.

Lo cierto es que mañana se pondrá a prueba la aplanadora de Morena en el Senado de la República, pues los legisladores priistas rehúsan acatar la oferta de sus mandatarios estatales que presumiblemente ya se echaron en brazos del Gobierno Federal, como lo apuntan los observadores, ante el encuentro que éstos sostuvieron con la secretaria de Gobernación.

Y aunque son pocos (14) si resultan necesarios para alcanzar mayoría en la toma de decisiones, aunque legalmente se requieren las dos terceras del pleno para que procedan las reformas constitucionales.

Esto quiere decir que los 24 senadores albicelestes, los 8 de MC, 6 del PT y otros tantos del PVEM, así como los 5 del PRD e igual cifra del PES y el independiente (suman 55), más lo priistas que no se sometan, tendrán la sartén por el mango.

De ahí que el proyecto para crear la Guardia Nacional sea, todavía, un proyecto, pese a que ya están enlistándose los 74 mil 100 integrantes que se requieren –en su mayoría soldados, marinos y policías federales–, para incorporarse a las 266 regiones, en las que el mentado ‘Peje’ ha dividido al país para ejecutar su plan en la materia; y hasta el presupuesto esté listo y ya se ejerza en la contratación de elementos.

Frenarlo, sería un fuerte revés al Presidente.

Y desde luego un triunfo para sus detractores.

Usted, ¿qué opina?

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