Quieren vivir

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DESDE ESTA ESQUINA.

MELITON GUEVARA CASTILLO.

Siempre se ha dicho, reiterado una y otra vez, que observando a los polí­ticos, a los lí­deres, a los gobernantes, nos damos cuenta si se comportan al estilo Benito Juárez, de vivir con la medianí­a de su sueldo, o han violado la vocación de servicio, para en lugar de servir, servirse pues, del presupuesto público, del cargo y de las oportunidades que encuentra dí­a a dí­a en su trabajo. Sí­, porque no pueden ocultar, vaya pues, que de pronto tienen casas, rancho, yate, viajes al extranjero, entre otras cosas.

 

La revolución, los gobiernos de la posrevolución social de 1910, eso fue lo que nos dieron: los pobres siguieron siendo pobres; pero, eso si, se forjaron nuevos ricos, que sexenio tras sexenio, fueron acumulando más y más riquezas, al grado que la brecha entre ricos y pobres se hizo más patente. Pues bien, quizá no está usted para saberlo, pero el covid-19 está forjando más pobres e, incluso, pobreza extrema.

 

ROBAN POR HAMBRE.

Revisando la información periodí­stica me llamo la atención una nota con el titular: “Se dispara robo por necesidad”: Canaco. Robos, hemos de señalar, siempre han existido y de distinta naturaleza, al grado que en muchas ocasiones la CANACO hasta amenazaba con huelga de pago de impuestos demandando mas y más policí­as, más vigilancia, pidiendo al gobierno que cumpla con su tarea de brindar protección y seguridad a todos.

 

Hoy, sin embargo, Alejandro Montoya, como vicepresidente de la CANACO local (Victoria) no vacila en hacer notar que se está robando por necesidad: “No creo que este relajada la seguridad, existe muy buena presencia de elementos, lo que creemos que esté pasando es una mayor necesidad de las personas que han perdido sus empleos, de llevar el sustento a su casa, pues ante la falta de oportunidades han optado por delinquir, precisamente por hambre”.

 

BUSCANDO SOBREVIVIR.

Todos, pero todos, hemos sido parte de crisis económicas. Las hemos vivido y, en esas circunstancias, siempre se busca opciones para sobrevivir. En este sentido, con la época de la pandemia, creo que todos podemos testificar como muchos han puesto a funcionar algunas de sus habilidades. Unos venden tamales los fines de semana; otros hacen pasteles y, otros más, hacen comida rápida. Les cuento lo que ha sucedido, por decir, en mi entorno, en Teocaltiche.

 

A media cuadra una vecina se puso a vender almuerzos. Me entere por casualidad: por la entrega de uno a otro vecino. Y me explican: se quedó sin trabajo y como siempre le ha gustado cocinar, pues eso hace. Otro dí­a, por el face, otra vecina me ofrece un pay de queso: normalmente no consumo pan, por eso de la diabetes, así­ que le compre uno. Así­, de esa manera, es como van saliendo, van sobreviviendo.

 

TODOS QUIEREN VENDER.

Siguiendo con el tema de cómo sobrevivir, o aguantar la crisis, les cuento que a una cuadra, frente a la placita de Teocaltiche una pareja de jóvenes (hombre y mujer) no vacilaron en poner un

pequeño toldo y ofrecer a los vecinos elotes “empanizados”, y poco a poco sus clientas van aumentando. Casi frente a mi casa, en la otra acera, un joven inauguro hace dí­as un negocio de busguerias: troles, nachos, chamoyadas y esas cosas que gustan mucho a niños y jóvenes. El caso es, creo, buscar opciones de ingresos.

 

Mi sorpresa fue el lunes por la noche. Estaba leyendo en mi oficina cuando escucho el timbre: era una señora que vendí­a empanadas de cajeta, después del saludo le comento: como que no es hora apropiada para hacer ventas (eran las 10.40 pm) y me responde: es que me retrase y acaban de salir. Y me dice: tengo que buscar ganarme un dinerito para el gasto de la casa… Y como ella, un dí­a si otro también, llegan vendedores… nopales, cebollas, calabacita con elotes. Obvio, hacen por la vida. No quieren salir de pobres, quieren vivir.

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