El PAN mira hacia atrás

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Victoria y Anexas

Por: Ambrocio López Gutiérrez

Los expresidentes Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, cuyas acciones han sido suficientemente difundidas por todos los medios, saben muy bien que tuvieron una oportunidad dorada para prolongar la presencia de Acción Nacional en la titularidad del poder ejecutivo federal, sin embargo, lejos de hacer una sana autocrítica a sus respectivas gestiones, se han dedicado a denostar al actual gobierno de la república en general y de manera particular al presidente Andrés Manuel López Obrador. La actitud del guanajuatense y del michoacano, lejos de perjudicar al tabasqueño, han abonado a la causa de la cuarta transformación. En las filas conservadoras abundan quienes desean fervientemente que los exmandatarios se conduzcan con discreción. Si no fueron buenos gobernantes, lo recomendable es que disfruten su retiro dejando trabajar a las autoridades actuales. Ayudarían más actuando con prudencia.

De ser un partido cerrado, casi sectario, el PAN ha pasado a ser una organización de chile, dulce y de manteca. En un acto de desesperación e impotencia, la actual dirigencia nacional readmitió a Margarita Zavala Gómez del Campo. Ella había renunciado al panismo e intentó formar una nueva agrupación política pero fracasó y ahora disfruta de una curul que, hay que reconocer, se supo ganar en el distrito por el cual fue postulada aunque tenía asegurada su diputación porque estaba anotada en lugar privilegiado en la lista de representación proporcional. Como primera dama, MZG se condujo con discreción pero una vez sin reflectores renegó del partido que había llevado a su marido a la presidencia. Muy distinto el caso de Marta Sahagún de Fox quien, posiblemente, reconoció sus excesos en la gestión de su esposo y ha mantenido bajo perfil junto a sus enriquecidos hijos producto de su anterior matrimonio con el veterinario Manuel Bribiesca (otro de los beneficiados con la gestión del señor de las botas).

A estas alturas casi nadie duda que los expresidentes del PAN son un lastre para la causa conservadora. Otro obstáculo para que la oposición de derecha tenga mejor posición es Marko Cortés ya que como administrador nacional del albiazul se ha caracterizado por derrotarse por adelantado: a) se derrotó ante el matrimonio Calderón Zavala a quienes premió con una curul; b) se derrotó ante los gobernadores panistas que le impusieron precandidatos nefastos en las entidades donde habrá elecciones este año y; c) se derrotó electoralmente al decir en una reunión con correligionarios que el único estado donde tienen posibilidades de ganar es Aguascalientes porque los otros cinco serán para el Movimiento de Regeneración Nacional. A la pésima actuación de los expresidentes panistas, la timorata gestión del gerente nacional actual y la baja calidad de sus candidatos a las gubernaturas, el PAN deberá reflexionar sobre la actuación de sus legisladores quienes votaron en contra de las pensiones para adultos mayores, los apoyos a discapacitados y las becas para estudiantes pobres. Se necesitaría estar demente para votar por los conservadores y sus aliados de ocasión.

JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ Prats, exsenador del PAN por cierto, publicó en Excélsior un texto que no tiene desperdicio y que se relaciona con lo mencionado líneas arriba por el columnista. Comparto con ustedes fragmentos de ese material: -Luis Fernando Bernal (amigo y correligionario) escribió un artículo en el que, después de repasar principios y valores del PAN, afirma: “Ese partido ya no existe. Se quedaron con las siglas y el registro ante el INE, es decir, sólo la marca sobrevive”. Castillo Peraza definió al PAN como un partido de abolengo y tradiciones. Estas últimas eran aportaciones de personas “con mirada de horizonte”, de ideas transmitidas y asimiladas por las siguientes generaciones. Hagamos un arriesgado ejercicio para precisar los momentos de quiebre.

El primer quiebre al solicitársele a Manuel Espino su renuncia como presidente del partido. Ante su negativa, Calderón arremetió con todo para obligarlo a retirarse. Espino no concluyó su periodo y por primera vez se dio una imposición en la persona de Germán Martínez, ungido por el dedazo de su promotor. El segundo quiebre lo propinó Ricardo Anaya, quien, en el afán de sumar apoyos a su candidatura presidencial, haciendo a un lado la normatividad, impuso candidatos, despreciando la carrera partidista y olvidándose de las formalidades establecidas para los procesos internos. El tercer quiebre corresponde a la dirigencia actual que, orientada por intereses individuales y de grupo, carece de un proyecto e ignora la doctrina. El vacío de ideas en su discurso riñe con los valientes y bien sustentados posicionamientos panistas del pasado.

Aquí es donde Luis Fernando Bernal plantea el dilema: o los militantes auténticos intentamos crear otro partido o procuramos rescatarlo de su notorio deterioro. La primera opción es inviable por lo que debemos abocarnos, en una demostración más de lealtad y congruencia, a propiciar el retorno a los conocidos desempeños, apegados a principios, hoy más que nunca vigentes y de actualidad. Recuerdo las palabras de Federico Ling Altamirano: “Puedo imaginar un PAN sin poder, pero no puedo imaginar un México sin el PAN”. Lo más urgente es definir objetivos y estrategias para 2024, para lo cual sugiero asumir decisiones fundamentales. Primera, prepararnos para contender con candidato propio. En algunas ocasiones he sido partidario de las alianzas; sin embargo, evaluando sus consecuencias y la pérdida de identidad, por lo pronto, y a reserva de observar el vertiginoso deterioro del país (hoy y en los tiempos venideros).

Segundo, iniciar una gran tarea de concientización como se hizo en sus orígenes. No tengo ninguna duda en que el idóneo, por su trayectoria, calidad humana y acendradas convicciones, es Juan Carlos Romero Hicks. Resaltan sus cualidades y resiste el cotejo con otros personajes ya mencionados en la opinión pública. Agrego un asunto no menor: todos los pronósticos indican que nuestra situación va a empeorar y Romero Hicks reunificaría todas las corrientes internas, dándole continuidad a uno de los más nobles ideales de nuestra historia. La lucha no es tan sólo por la Presidencia. Es también por las gubernaturas, ayuntamientos y, lo más importante, el Poder Legislativo federal y los estatales. Lo prioritario es que, de nuevo, al partido de Gómez Morín se le pueda distinguir por su pensamiento y por sus acciones-.

Este columnista no acostumbra dedicar tanto espacio a los conservadores pero creo que en las circunstancias actuales de confrontaciones viscerales, de adjetivaciones, denuestos y descalificaciones es necesario analizar la situación para intentar comprender a cabalidad que las autoridades y los partidos políticos se necesitan. Si bien es cierto que AMLO cuenta con una aceptación que envidiarían decenas de gobernantes en el mundo, también es cierto que necesita una oposición más seria. Puede sonar atrevido, irresponsable y hasta descabellado para algunos pero el gobierno necesita de opositores comprometidos con las causas del país. En las actuales circunstancias, el PAN, el PRI, el PRD sólo sirven para satisfacer ambiciones personales de sus líderes y de unos cuantos privilegiados. Una evidencia de la confusión conservadora es que su Truko se declaró de derecha, de centro o de izquierda. La ignorancia es atrevida.

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