DESDE ESTA ESQUINA.
MELITON GUEVARA CASTILLO.
23.06.26.
No tengo la menor duda: el agua es una bendición, pero también es una maldición. En principio es una bendición porque, sin ella, la vida no seria posible; en tanto, además, de que es necesaria para muchas de las acciones que facilitan el desarrollo de las comunidades como de la familia.
Pero es, también, una maldición porque en cualquier parte del mundo nos normales las tragedias que suceden a causa del agua. Sea en el mar, en rio o incluso, dentro de una casa habitación. El niño, nos cuentan, es un fenómeno meteorológico que trastoca la normalidad del ciclo de agua y de sus diversas manifestaciones.
Siendo adulto mayor no me da pena confesar que no se nadar. Y eso que soy originario de Campoamor (Padilla), ubicado a un costado del rio purificación; lo conocí en la década de los sesenta, en el siglo pasado, cuando era un tremendo rio cuyas crecidas eran fenomenales, se desbordaba y el agua en mas de una ocasión llego hasta mi casa ejidal.
Y no aprendí a nadar pesé que, una y otra vez fui, precisamente a bañarme o a acarrear agua en una cubeta. La historia es simple: papa (+) nadaba muy bien, pero el antecedente de que uno de sus hermanos se ahogó, y ese temor lo llevo a ser prudente, muy cuidadoso con sus hijos.
He recorrido muchas veces la interejidal, conozco cada uno de sus arroyos y en estos días el Rio San Francisco ha sido testigo de tragedias familiares: quien conoce la zona, bien que sabe, que solo lleva agua cuando llueve; y es cuando familias y grupos de amigos se dan cita para disfrutar del agua… y en lo personal, hasta se me hace increíble, que sucedan tragedias.
Ese es el detalle: la imprudencia. Hace días una menor de edad perdió la vida, junto con sus padres. La niña entro al agua y la corriente la arrastro: sus papas, intentando salvarla, también se introdujeron a la corriente y sucedió lo peor: los tres fallecieron. Lamentable, si, que sucedan este tipo de tragedias.
Cuando el agua escasea, recuérdenlo, hasta el presidente municipal Eduardo Gattas pide a la población que hagamos oración para que llueva; en algunas comunidades organizan danzas ligadas con la fe religiosa. Lo hacen porque necesitamos el agua para vivir; también para disfrutar, valga, momentos de recreación como los que ocasionaron la tragedia.
Ante el agua, su escasez, resulta que no la cuidamos; y cuando hay, nosotros mismos, no nos cuidamos. Hagan memoria: cuantas tragedias hemos conocido; hoy en día, ya van varios accidentes en Los Troncones: suceden porque no se mide el peligro y ante la imprudencia de unos y otros.


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