Para dos grandes amigas

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Rutinas y quimeras

Clara García Sáenz

Esta semana se despidieron de sus puestos dos grandes mujeres universitarias, icónicas y referentes de la historia cultural y artística de nuestra Casa de Estudios. La nueva administración rectoral ha prescindido de los servicios de Carmen Quiroga y Revo Tamez, sus equipos de trabajo las han despedido consternados.

A Carmen Quiroga la conocí hace 25 años cuando llegué a trabajar en la promoción de la literatura a la entonces Subdirección de Extensión Universitaria, entonces era yo una joven egresada de la escuela de Relaciones Públicas y ella era ya la diva de la televisión universitaria.

Recuerdo que para mí fue como el conocer unpersonaje famoso, había leído su poesía y visto conducir programas de televisión. De alguna forma yo la admiraba y cuando tuve la oportunidad de tratarla fue la persona más amable y solidaria que pude encontrar en una oficina donde los hombres eran mayoría pero que todos, hasta el jefe de entonces, le tenían algo de temor.

Trabajaba muchísimas horas, cuando era necesario levantaba la voz y si era preciso mentaba madres para hacer trabajar a su personal con el que siempre fue generosa, solidaria y humana.

Un día, temerosa de su temperamento fui a verla para mostrarle mi trabajo fotográfico, sin pensarlo me dijo que escribiera un texto para que me lo publicaranen el periódico.

Carmen fue el cerebro que hizo de Televisión universitaria un espacio profesional para la difusión científica y cultural, ganando premios nacionales e internacionales por sus cápsulas, reportajes y documentales. Se va dejando la vara muy alta.

A Revo Tamez la conocí hace 19 años cuando llegó a ocupar la entonces Subdirección de Extensión Universitaria, de ella sabía por los musicales que la Universidad organizaba en la época en que su hermano Humberto Filizola era rector, pero nunca la traté hasta que llegó a la oficina con la administración de Jesús Lavín Santos del Prado, aunque muchos decían entonces que el puesto se lo habían dado por ser hermana del rector saliente, lo cierto es que sabía bastante de cuestiones artísticas y tenía experiencia administrativa ya que, entre otras cosas, había ocupado la dirección de la Casa del Arte.

Rápidamente trasformó y renovó la política cultural y artística de la Universidad, nadando contra corriente por los presupuestos, la apatía de los altos funcionarios, los feudos de las facultades y de una escasa infraestructura que estaba en condiciones deplorables.

Impulsó la capacitación de un equipo que integró con quienes ya estábamos ahí y con recién llegados, consiguiendo becas para cursar maestrías y diplomados en promoción cultural y planeación artística con la finalidad de mejorar la ejecución de los programas a partir de la identificación de necesidades de los públicos, dejando la improvisación y las ocurrencias, muy frecuentes en las instituciones culturales.

Su sensibilidad profesional hizo que ese equipo funcionara como una especie de orquesta donde cada quien conoce su instrumento, ejecutando lo mejor que puede las partes de la melodía que se toca, pero siempre pendiente de la guía del director.

Creativa, talentosa y sorprendente como funcionaria, productora, directora y artista. Capaz de sacarnos una sonrisa con su plática siempre alegre que hacía más llevaderas las horas de trabajo, eficiente para resolver problemas ya fueran administrativos o logísticos, de improvisar de ser necesario, de saber quién de su equipo podía hacer este u otro trabajo, consultar cuando no sabía e imponerse cuando nos rebelamos por algo, escucharnos y ser solidaria cuando era necesario.

Ambas, Carmen y Revo, eran la imagen del empoderamiento femenino en la alta burocracia universitaria, respetadas por su trabajo, admiradas por su belleza y temidas por su carácter aguerrido para defender a su personal y pelear por los presupuestos.

Siendo funcionarias obtuvieron grados académicos fuera de la Universidad volviéndosetambién ejemplo de esfuerzo académico; su experiencia y su prestigio no fueron suficientes para los estándares de exigencia de la nueva administración que le apuesta a la juventud, a los afectos personales y a los contingentes que acompañaron la campaña rectoral. Por lo pronto, todos los demás seguimos en la rutina, haciendo la talacha cultural.

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